Ronrroneando con la Paz – Texto de Julián García Olivares.

Curiosísima esta situación. Ya vivimos esto. Cuando empezaban los años 90 y los insumisos teníamos tensas las cuerdas con el Estado por el tema de la mili, sobrevino el conflicto del Golfo Pérsico. Gobernaba el PSOE y el envío de soldados de reemplazo avivó las críticas y el custionamiento del modelo de Defensa. En ese momento apareció con fuerza un movimiento social contra la guerra, más pomposo de lo que realmente era. Empezaba lo que luego hemos acuñado, desde La Mancha, como “PACIFISMO FRONTERIZO”, un pacifismo ilustrado que trata las guerras y la paz como dos diapositivas distintas.

En aquellos años lejanos se nos tachaba (prensa ABC-1990) de difundir un delito: la insumisión; frente a un derecho: la objeción. Frente a los desprestigios, el MOC proyectó la insumisión como un elemento constructivo y pedagógico de educación para la paz en el sentido más amplio. No fue espontáneo y acéfalo. Éramos ilegales, delincuentes, pero no solo eso, sino que además alentábamos al resto de la ciudadanía a desobedecer. Por eso muchos nos querían petrolear, emplumar y pasear por la calle principal.

Recuerdo también la invasión (literal) de Irak y ahora, con ETA a la carga de nuevo, se repite la historia. Pacifistas fronterizos de las bombas cercanas frente a personas militarizadas y armadas por la defensa de Euskadi. Cada cual denuncia la violencia que detesta y aplaude la que impone. Siempre en la misma espiral. No hay trato con la duda. O todo o nada.

Unos priorizaron el individualismo camuflados de excusas y eufemismos, pero todavía hay gente que pensamos en actitudes activas sociales y somos críticos con el militarismo y el pacifismo. Hay quien se disputa los méritos de aquellas “batallitas antibélicas”. Hoy se disputa la Paz como verdad absoluta. Sigo viendo a muchos de aquellos inflexibles con estos principios, pero también veo otra gente con otros finales. Elegir es la constante. Unos se acercaron lentamente porque daba prestigio juvenil y rebelde, pero nunca fueron ni raíz ni semilla, fueron hojas que le hicieron respirar pero que cada año caían y aparecían otras nuevas, pero ni fueron tallo, ni ramificaron… ni flor siquiera. Y mientras seguimos ronrroneando con la Paz.

Para las personas que trabajamos desde hace tiempo por una paz que no sea tonta, injusta, partidista, elitista, publicitaria y cansina, volvemos a ver que ésto ya lo hemos vivido. Partidos políticos, sindicatos, Oenegés…, hablan de paz, pero no hablamos de la misma paz. Guerras allí, fábricas de armas aquí, ensayos bélicos y prácticas asesinas…, un recetario dantesco sin fin. Palabras y gestos que se expanden dando vueltas en el espacio y el tiempo para no acercarnos al equilibrio de la razón y a la utopía de buscar cada día y en cada gesto la PAZ. Seguimos ronroneando.

Julián García Olivares

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